Pareciera que el tiempo va lento ante mí,
17520 horas han pasado desde la primera vez que morí,
planeé lo suficiente para ya no sufrir,
la alternativa hacia un caos es lo que vi,
pero en ese tiempo el ego me convenció a seguir.
Me engañe creyendo que esto era verdad,
darle perpetuidad algo que te hace mal;
mi entorno justificaba mis actos, ¡Hazlo ya!
una vez mas el ego me convenció con facilidad.
Y así pasaron mas de mil amaneceres,
y así pasaron mas de mil lunas,
ninguna las contemple cegado por el miedo,
lo que planeé no funcionó, el ego una vez mas me mintió,
¡Que débil fui yo!, no pude decir no,
hasta que llego la traición.
Así de vació estaba yo,
justificándome siempre por mi dolor,
hasta que un día hubo un total silencio,
inerte en mi habitación me vino el lamento,
una tormenta de agonías y locura,
abandono, soledad, me asfixia, me abruma.
Sofocado, ¡ya no puedo mas!
huyo afuera, corro, lloro, ya no quiero mas,
tuve todo y nada supe conservar,
planeé todo y a si mismo lo pude estropear,
ya no puedo mas, dañe, defraude,
y así mismo el karma se cobró con interés.
Y llegando a un puente subí en el,
las lagrimas ya no me dejaban ver,
y realmente ya nada quería ver,
volar en ese momento fue lo que pensé,
llegar al cielo lo mas alto es lo que anhele,
y dejar atrás mi existencia que no pude entender.
Fue hace 1750 horas, que en esa tarde no emprendí el vuelo,
regrese sin ningún sentimiento,
volví a esta realidad sin ninguna emoción,
todo seguía ahí, pero no causaba efecto en mí,
ahí volví comenzar, otra oportunidad,
ahora solo había un anhelo ancestral, ¡vivir!
