Yo mismo me siento víctima de ese miedo, de la incertidumbre que está causa, me cuestionó porque le temo más allá del instinto natural; si el don del humano, su virtud, su cualidad más sobresaliente: el albedrío, es el poder elegir, escoger ante las diferentes manifestaciones de circunstancias aleatorias, entonces... ¿Nuestra propia muerte no la podemos elegir?, ¿Es real lo dicho sobre elegir no vivir?
No responsabilizó a nadie de lo que ahora mi mente concibe, porque nadie es responsable de lo que siento, más que yo; lo veo simplemente como factores circunstanciales influyentes, dónde mis vivencias y traumas no trancendidos participan paralelamente para decidir determinado rumbo que llevará a dichos eventos. Llego a verlo con aceptación, resignación, sin culpa, ni reproches , solo como cosas que pasan y yo soy parte de esas circunstancias, uno más de muchos, pero del mismo modo estoy sintiendo fastidio, cansancio y cierta apatía, creó que viví mi existencia muy acelerada.
Cada vez pienso menos en el lazo perdido de hace poco y contemplo mi presente y hay decidía en el porvenir y divago entre lo que debo hacer y la muerte. Parece ser que es un patrón, una consecuencia de, algo que está intrínseco matemáticamente a modo que es inevitable, cada perdida sin importar el tipo siempre me hace pensar en la muerte y considerarla en mi propia existencia para finalizar la misma, pero hay inseguridad, ya una vez la consideré y dude, no puedo evitar también ver cierta influencia ajena que me hace temerle mas.
Nuevamente pienso en la muerte en esta nueva perdida y encuentro cierto consuelo en dichos pensamientos, de manera irónica, enferma, poco ortodoxa o inhabitual, estar pensando en la muerte me trae momentos de tranquilidad para reflexionar y analizar porque siempre evité pensar en ella en momentos de tragedia. Mi primer pensamiento: una imposición social, algo antinatural, incorrecto, si tienes vida no puedes desear quitartela y que tan cierto es ésto, ¿Es correcto dichos argumentos?